Escribo esta entrada cansado y con poca imaginación. Quería que el segundo post de este blog fuera un resumen de la situación actual de la campaña electoral y los diversos factores que nos han llevado al momento actual, pero ha sido demasiado para mi capacidad mental actual. En lugar de eso, quiero comentar acerca de un hecho reciente que ha llamado mi atención el día de hoy: CNN desiste de organizar un debate político en el país debido a la negativa del candidato Ávila a participar.
Es un hecho triste para la historia del país y algo que debería decepcionar a todos los salvadoreños, sean de derecha o de izquierda. En primer lugar, hemos quedado marcados ante la comunidad internacional como un país que se negó a promover el crecimiento de la democracia. En segundo lugar, se nos ha negado a los salvadoreños y salvadoreñas el derecho de conocer cuales son los planes para el país en los próximos cinco años.
Tratare de abstenerme de criticar al candidato Ávila acerca de su comportamiento, para no herir sensibilidades y porque ya mucho se ha hablado al respecto. Hablemos mejor de las condiciones que existen en el país que han permitido este hecho.
¿Cree usted que en democracias más maduras, como en los Estados Unidos, se le permite a un candidato a la presidencia rechazar un debate? La respuesta es no, porque antes de cualquier ideología se encuentra el derecho del pueblo a informarse de su elección. Pero qué derechos poseemos en El Salvador, ¿somos personas consientes capaces de elegir a su próximo candidato o simplemente fichas de juego en la contienda política?
En El Salvador no intentan proponernos soluciones a nuestros problemas, intentan comprarnos. Los votantes somos moneda de cambio. Somos transferibles, para ser utilizados en donde seamos necesarios, como señalan algunos ocurrió en San Salvador. Somos desechables, se desentienden de nosotros cuando ya no nos necesitan, como hizo el PCN con el candidato Chévez. Somos falsificables, porque son capaces de reemplazarnos con nuestros hermanos nicaragüenses y hondureños con tal de que les alcance.
¿Y qué nos dan a cambio de nuestros votos? Aquellos afortunados han ganado un par de obras en su comunidad. Pero la gran mayoría no ha recibido más que una camiseta y un par de banderitas, una gallina para cenar una noche, un apretón de manos, una caja de pollo campero, una sonrisa del candidato o el simple prestigio social de pertenecer a un determinado partido, sea rojo o tricolor.
¿Dónde esta el candidato que nos dará realmente lo que necesitamos? El que acabe con la violencia en el salvador, el que reduzca el desempleo, el que garantice la canasta básica, el que sanee al Estado de funcionarios corruptos, el que ponga medicinas en el seguro social. Ambos candidatos tratan de hacernos creer que son ellos los que llevarán a cabo estas obras. Sabemos que ambos están tratando de comprar nuestro voto, porque así funciona la política en El Salvador, pero no sabemos cual tiene verdaderas posibilidades de cumplir sus promesas. Y al haber perdido la herramienta del debate, quedamos más hundidos en la ignorancia.
Desde mi humilde posición, invitó a mis compatriotas a no dejarnos vender. Elijamos, no solamente votemos, aún con la poca información que tenemos. A los hermanos de derecha les pido que insten a su candidato a actuar razonablemente y justificar sus acciones. A los hermanos de izquierda los invito a informar al pueblo, aunque no halla un debate que se tenga que ganar. Y a la juventud, los invito a tratar de cambiar la situación, a no conformarnos por la manera en la que funcionan las cosas, a exigir a nuestros gobernantes que nos traten como ciudadanos pensantes.
Para finalizar, quiero dejarles con una reflexión. Mediten de manera objetiva y realista la posición de ambos candidatos, observen sus actitudes y reflexionen si están intentando proponer soluciones o comprando nuestros votos. Decidan si quieren ser utilizados para llegar al poder, o quieren contribuir al desarrollo del país. Yo ya tomé mi decisión.
miércoles, 11 de febrero de 2009
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